El tiempo de la Europa Federal

Por Pilar Llorente

El comienzo de 2017 mostraba un futuro amenazador para la UE: aumento de nacionalismos y populismos xenófobos, con la temida victoria de candidatos de extrema de derecha en Francia, Holanda o Austria; las consecuencias inciertas del Brexit; el cuestionamiento del multilateralismo, de las instituciones internacionales y del orden liberal con la elección de Trump como Presidente de EEUU; la incapacidad de la UE para gestionar el flujo de migrantes y refugiados y el incumplimiento por gran parte de los Estados miembros de los acuerdos de reubicación; la incapacidad de poner fin a la devastadora guerra en Siria; la deriva autoritaria de Erdogan, el expansionismo de Putin y la amenaza del terrorismo internacional.

Las causas de todos estos fenómenos persisten, pero sin embargo se han producido señales que indican que el cambio y el progreso son posibles, y que Europa tiene una oportunidad de oro para relanzar el impulso hacia una unidad política que le permita dar soluciones sostenibles y eficaces a estos retos. Ninguno de los candidatos xenófobos obtuvo la mayoría en las elecciones nacionales de Francia, Holanda o Austria y son líderes europeístas, demócratas y respetuosos con la diversidad en Europa, con Merkel y Macron a la cabeza, los que están empezando a marca la agenda de una UE que parece empezar a entender que es necesario tener una voz en el mundo independiente a la de EEUU, que proponga una agenda para gobernar la globalización, impedidir el crecimiento de la desiguladad, actuar contra el cambio climático y garantizar los derechos de los ciudadanos.

Los pobres resultados de la cumbre del G20 muestras asímismo que ésta es una “institución” incapaz de dar respuestas eficaces a los problemas globales, además de carecer de toda legimidad democrática y de no representar más que a una pequeña parte de la población mundial: es momento también de pensar en la creación instituciones globales democráticas y la reforma y democratización de las existentes, con la creación de una Asamblea de Naciones Unidas como uno de los primeros pasos posibles.

La UE tiene ante sí un momento de gran responsabilidad y también de grandes oportunidades. Responsabilidad de estar a la altura de los valores que defiende y de crear un sistema común de asilo que permita una gestión humana y eficaz de los flujos de refugiados, de profundizar en la Europa social, de atender las necesidades de los perdedores de la globalización.Oportunidades para consolidar la unión política, económica y social remplazando un gradualismo ineficaz que va a remolque de la realidad – y que pone en riesgo la continuidad del mismo proceso de integración – por una apuesta decidida por la Europa federal.